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sábado, 20 de septiembre de 2014

Los que escriben para niños se confiesan

Por Fernando Rodríguez Sosa

Magaly Sánchez Ochoa
No resulta un secreto afirmar que toda entrevista es, siempre, algo más que un simple juego de preguntas y respuestas. A través de esos diálogos es posible no solo confirmar lo conocido, sino, también, develar lo desconocido. De ahí el insospechado valor que encierran esas conversaciones como fuente testimonial de indudable alcance, trascendencia y permanencia. La publicación del volumen titulado Los que escriben para niños se confiesan (Editorial Gente Nueva, 2013, 352 pp), de Enrique Pérez Díaz, confirma la certeza de que las entrevistas no han dejado de ser lectura obligada para quienes se interesen en conocer, entender, apreciar, la información brindada por ese enriquecedor intercambio que se produce entre un entrevistador y su entrevistado.

Nersys Felipe
Casi un centenar de entrevistas se agrupan en las páginas de este libro, todas realizadas, a lo largo de varias décadas, a escritoras y escritores cubanos de diversas generaciones, estilos, tendencias, residentes dentro y fuera de la isla, quienes se han dedicado a crear, tanto en verso como en prosa, obras dirigidas al exigente público infantil y juvenil.

La conversación sostenida con la investigadora de la literatura para niños y jóvenes Alga Marina Elizagaray –una figura referencial dentro de los estudios del género en la isla— abre esta entrega, que se cierra con el diálogo del autor con otro investigador, Ramón Luis Herrera, quien ha preparado un diccionario de literatura infantil y juvenil cubana ahora en proceso editorial. Entre una y otra entrevista, Enrique Perez Díaz también reproduce sus encuentros con Dora Alonso, Nersys Felipe, Julia Calzadilla y Magaly Sánchez Ochoa, nombres imprescindibles en la historia de la literatura infanto-juvenil insular; así como con otros escritores de más recientes promociones, entre ellos Geovannys Manso, Yanitzia Canetti, Néster Núñez y Yunier Riquenes.
Dora Alonso
El entrevistador se propone –y logra— que sus entrevistados cuenten, de la manera más minuciosa y exhaustiva posible, momentos claves de sus vidas, esos que les permitan revelar cómo, por qué, cuándo, se interesaron en escribir para los pequeños; además de comentar acerca de sus libros publicados y de otros temas relacionados con el mundo de la creación literaria. El origen de Los que escriben para niños se confiesan se remonta al año 2006, cuando, bajo el sello de la editorial guantanamera El Mar y la Montaña, se publica El fuego sagrado, que agrupa algunas entrevistas, reunidas bajo el precepto martiano de que “¡con el fuego sagrado nos refugiamos, orgullosos de nuestra soledad, en las cumbres de nuestras conciencias!”. Autor de una amplia obra para la niñez y la juventud, Enrique Pérez Díaz (La Habana, 1958), narrador, crítico, editor, investigador y promotor cultural, ha recibido casi una veintena de galardones literarios, entre ellos los premios Pinos Nuevos, Ismaelillo, La Edad de Oro, La Rosa Blanca, Abril, Razón de Ser y Aniversario del Triunfo de la Revolución. En su bibliografía –traducida al japonés, eusquera, catalán, gallego, alemán, portugués, inglés e italiano-, aparecen, entre otros títulos, ¿Se jubilan las hadas?, Monstruosi, Escuelita de los horrores, Inventarse un amigo, Cuando llegan las cigüeñas de París, País de unicornios, Minicuentos de hadas, Mensajes, El mar no tiene color, Las alas del crepúsculo y Giselle. Ahora, con Los que escriben para niños se confiesan  le interesa –según sus propias palabras— “promocionar la obra de mis colegas coterráneos y por parecerme justo y necesario estimular el diálogo entre autores que juntos luchamos a brazo partido y que, en definitiva, conformamos un mismo movimiento que, desde cualquier punto de vista, únicamente aspira a llegar hasta su posible lector”. Este libro no solo llega, sin embargo, para enriquecer la extensa y diversa producción literaria de su autor. Llega, asimismo –y eso es lo verdaderamente trascendente—, para, a través de esas conversaciones, conocer y apreciar, en la voz de sus propios protagonistas, el rumbo de la literatura infantil y juvenil que, desde hace ya más de medio siglo, florece en la mayor de Las Antillas.

Enrique Pérez Díaz


Ver más: Los que escriben para niños se confiesan http://www.trabajadores.cu/20140919/los-que-escriben-para-ninos-se-confiesan/


martes, 22 de noviembre de 2011

¡Al abordaje!


TOLEDO / LITERATURA INFANTIL EN CASTILLA-LA MANCHA

¡Al abordaje!



RAFAEL GONZÁLEZ CASERO/ SANTIAGO SASTRE Y
Día 21/11/2011 - 19.57h

Desde luego que es necesario encender la pasión por la lectura y la literatura en los primeros años. Es importante que los niños vean leer a sus padres en casa, porque las estructuras de su mundo se construyen sobre todo mediante la imitación. Pero también hay que ofrecerles libros que sean capaces de hacerles soñar, de emocionarse, de vivir la experiencia de leer como un momento apasionante.
Quizá la etapa inicial en el colegio marca los primeros pasos en ese largo camino de iniciarse a la lectura. Por eso es crucial hacer una selección de libros que resulten a la medida de la edad de los muchachos: tanto de los más peques (de 0 a 12 años) como de los más mayorcitos (de 12 a 18 años) en lo que se suele denominar literatura juvenil. Aunque si se trata de libros bien escritos deberían interesar a cualquier lector, con independencia de la edad que tenga.

Nos han llamado la atención algunas de las conclusiones contenidas en el Anuario de literatura infantil y juvenil correspondiente a 2011, que edita la Fundación SM. Así, cabe destacar que el sector de edad que más lee es el que comprende el tramo de 10 a 13 años, donde el 85% se declara lector. También es muy revelador el hecho de que la mayor frecuencia lectora se relacione directamente con el hábito lector de las familias: según el estudio citado, los padres de los hijos de entre 10-13 años de edad reconocen que leen habitualmente (78,1% de los casos) y que leían a sus hijos cuando eran más pequeños, en casi 9 de cada 10 familias.

Por encima de los intereses del mercado, lo relevante es encontrar historias sencillas, que potencien la imaginación y que resulten cercanas a los niños. Esa cercanía se puede lograr ubicando las historias en nuestras ciudades. Por ejemplo, en Toledo hay ya muy buenos libros cuya acción se desarrolla en las calles de la Ciudad Imperial. Entre otros, destacan Un príncipe en Toledo de Alberto Castillo, El misterio del cofre de Miguel Ángel Garrido y El fantástico viaje de Laura a Toledo de Ángel Santos.

El arranque de la literatura se sitúa en la tradición oral, pues muchas de esas historias o poemas eran recitados de generación en generación hasta que finalmente fueron puestos por escrito. Por eso era muy importante saber contar bien los cuentos (como hacían, por ejemplo, los bardos celtas, los aedas griegos y los juglares medievales). Creemos que la actividad de los cuentacuentos se debería potenciar más en los colegios y sobre todo en las librerías (como hace de forma ejemplar la Librería Taiga en Toledo). Es un acierto que la Biblioteca de Castilla-La Mancha haya programado desde este octubre y hasta diciembre la hora del cuento en inglés y en español, que se desarrollará en su sala infantil todas las semanas.

Antes era común que los niños supiesen de memoria algunos poemas (como alguna estrofa de La canción del pirata de Espronceda o alguna de las Canciones de Lorca) y esto, desgraciadamente, se ha perdido en la actualidad. Y es una pena, porque ésta práctica añade una viveza oral a los textos y facilita que se queden a vivir en el pequeño mobiliario cultural que van atesorando los niños con el tiempo.



Una referencia bibliográfica básica sobre la literatura infantil en Castilla-La Mancha es el libro Pajarito sin cola de Francisco Gómez-Porro. En él hace un excelente estudio de la literatura infantil en Castilla-La Mancha y, además, incorpora una pequeña antología de textos. Al realizar un repaso de la geografía regional para mencionar a algunos de los autores más destacados en el ámbito de la literatura infantil, podemos señalar que en Albacete se han ocupado de este género Alfonso Ponce, Rodrigo Rubio (que ganó el planeta en 1965 con “Equipaje de amor para la tierra”), Frutos Soriano y Ángel Aguilar. Por su parte, de Ciudad Real podemos citar a Ángela Vallvey, María Luisa Menchén, Nieves Fernández, Manolita Espinosa, Mª Carmen Matute y Victoria Martín. En Cuenca destacan los textos del poeta Federico Muelas (con dos libros geniales), Raúl Torres y Mariano Vara. Hablar de éste género en Guadalajara es hacerlo de autoras como Estrella Ortiz y Carmen Ybarra. Finalizando nuestro trayecto en la provincia Toledo, destacan Antonio Rubio (con sus divertidos poemas), Rafael Morales (el desaparecido poeta talaverano que ahora viaja a lomos de su inolvidable caballo Dardo), Francisco Payo, Sagrario Pinto, Alejandro Fernández Pombo, Cecilio Pintado, Moisés Ruano, el también editor Andrés López-Covarrubias, Maren Aparicio (con un excelente libro en el que cuenta la historia del cigüeño Narizo), Fernando Martínez Gil (con la memorable historia del castor Moi en su premiado, y tantas veces reeditado, El río de los castores) y Javier Caboblanco, que con su reciente Abezoodario concilia la papiroflexia con la poesía infantil.

Favorecieron la escritura y la divulgación de literatura infantil la colección Calipso de la Biblioteca de Autores Manchegos, la colección Zincel que editaba la Diputación de Albacete y, sobre todo ahora, el Centro de Estudios de Promoción de Lectura y Literatura Infantil (el CEPLI) que, bajo la dirección del profesor Pedro Cerrillo, se inserta en la Universidad de Castilla-La Mancha. Precisamente es este centro el que convoca le premio de poesía infantil Luna de Aire, que anda ya por su novena convocatoria y cuyo plazo ahora está abierto.



A veces el género de la literatura infantil se contempla como una sección menor o que carece de importancia. Y esto es injusto no sólo porque se trata de poner el acento en quienes se inician en el mundo de la literatura, sino porque hay obras célebres que han calado entre niños y han trasladado su emoción a personas de todas las edades. ¿Cómo no recordar el famoso tándem de Bastián Baltasar Bux y Atreyu en el empeño por salvar el mundo de Fantasía, que está amenazado por avance aniquilador de la Nada, en la genial La historia interminable? Pues de eso se trata: de que la imaginación nos permita habitar, tanto a niños como a mayores, en el maravilloso reino de Fantasía. Porque, por mucho que nos empeñemos, no se ha terminado de ir el niño que todos llevamos dentro.
http://www.abc.es/20111121/local-toledo/abci-abordaje-201111211957.html