miércoles, 22 de febrero de 2017

Muliñandupelicascaripluma (EL BOSQUE AZUL) de Constancio C. Vigil


Cuentan que todos los animales que están en el mundo entraron por las tres puertas que había en un principio. Por una puerta pasaron los que andan por el agua; por otra, los que vuelan, y por otra, los que viven en la tierra.

Por esta última puerta pasaron, antes que todos, el elefante, el león, el tigre y el oso y la cerraron, para que nadie se colara sin permiso.

Uno de ellos, por turno, era portero. Y los otros animales que iban llegando tenían que explicar qué servicios le darían al mundo. Si no servían para nada, no los dejaban entrar.

Aceptaron enseguida al mono, porque quería ser portero. Y también entraron muchos otros animales, después de explicar cada uno qué sabía hacer.

Los más chiquitos, como el piojo, la pulga y el mosquito se colaron en este mundo de contrabando, escondidos en el pelaje de animales más grandes.

Cuando ya fueron muchos, buscaron un lugar donde reunirse a conversar eligieron el Bosque Azul.

Allí discutían todos los temas que les interesaban, y lo que decidían era ley para todos.

Un día llegó a la puerta de los animales terrestres uno que tenía cuatro patas escamosas, una cola larga con plumas blancas y negras, pico chato y ojos grandes. En la barriga tenia plumas y en el lomo un caparazón.

Este animal tan raro golpeó la puerta y esperó a que le abrieran.

El elefante preguntó:

—¿Tu nombre?

—Muliñandupelicascaripluma.

—¿Cómo? No entiendo. Escríbelo, por favor.

—No sé escribir.

—Ah… ¿y quieres entrar en el mundo?

—Para eso vine.

—¿Sabes que aquí todos trabajan y que es necesario servir de alguna forma?

—Si tú lo dices, así será.

—Veo que no tienes trompa. ¿Cómo haces para comer?

—Como puedo.

—¿Y qué es lo que comes?

—Lo que venga.

El elefante consideró que el caso era demasiado complicado y llamó al león, al que todos habían elegido presidente de la asamblea de los animales.

El león preguntó:

—¿Qué servicios nos prestarás?

—Los que me toquen.

Al león también le pareció complicado el asunto, así que llamó al mono, quien ya había conseguido que el león lo nombrara su secretario para las reuniones en el Bosque Azul.

Vino el mono, miró a ese bicho tan raro y le preguntó:

—¿Comes bananas?

—Si es algo bueno…

—¿Te gustan los cocos?

—Dame uno para probarlo.

—¿Sabes abrirlos?

—Dámelos abiertos.

—¡Este quiere engañarnos! —exclamó el mono.

El león rugió y el extraño animal que quería entrar dijo, asustado:

—Los servicios que prestaré serán muy grandes. Para alimentarme libraré al mundo del animal más inútil.

—Por ahí deberías haber empezado —dijo el león—. Vamos a estudiar tu caso. Quédate afuera y espera nuestra decisión.

A la noche, los animales se reunieron en el Bosque Azul.

El mono se puso los lentes y leyó:

—Vamos hablar del Muli…. ñandú… peli… cascari… pluma.

En seguida se oyeron risas y silbidos.

Pidió la palabra el tigre y dijo:

—Yo no puedo creer que exista un animal con semejante nombre. Me parece que se burla de nosotros.

—¡Silencio! —rugió el león—. Que el secretario vuelva a leer el nombre del candidato.

Así lo hizo el mono y esta vez nadie se atrevió a chistar.

El hipopótamo pidió entonces la palabra y dijo:

—Propongo que se acorte ese nombre.

—Yo le sacaría eso de “pluma” —opinó el lobo—. No sirve más que para confundir.

—Yo pido que se le saque lo de “cáscara” —dijo el zorro.

—Y yo, “dupeli” —agregó el tigre.

Entonces dijo el león:

—Que el secretario lea el nombre final.

Y leyó el mono:

—Muliñán.

—Suena bien —dijo el hipopótamo—. Mu-li-ñán…Mu-li-ñán

—Ahora —continuó el león— hay que resolver si se le permite o no la entrada. Él asegura librará al mundo del animal más inútil, pues se alimentará de él.

—Pido la palabra —intervino el búho—. Para entrar en el mundo todos demostramos nuestra utilidad. El Muliñán tiene que explicarse. ¡Aquí todos servimos para algo!

—Puede haber habido algún error —observó el cóndor—. El señor búho, por ejemplo, todavía no se sabe para qué sirve.

—Sirvo —respondió el búho— para comer muchos bicharracos que hacen daño. Yo no ataco, como algunos, a las aves más hermosas y más buenas.

—Pido la palabra —rebuznó el burro—. Propongo que se lo destine a reemplazarnos en nuestros trabajos. ¿Por qué tenemos que cargar cosas pesadas?…

—Quisiera saber —preguntó la martineta— cuáles serían entonces los servicios que prestaría el burro.

—Me dedicaría a la música. Creo que mis rebuznos son una prueba de talento para el arte.

El león pidió silencio, y le dio la palabra al oso hormiguero, que dijo:

—¡Dejemos al burro y sus rebuznos y pensemos en el Muliñán!

El león concedió la palabra al elefante, que dijo:

—Voto por dejar entrar al Muliñán. Propongo que se dedique a perseguir y comer a los ratones.

—¡Qué disparate! —dijo el búho—. El elefante olvida que ya existimos los encargados de comernos a los ratones.

—Propongo —dijo el lobo— que nos vayamos a dormir y que, con más calma, mañana por la noche terminemos de considerar esta cuestión.

A la noche siguiente, al empezar la asamblea, el tigre exclamó:

—¡Señor presidente! La asamblea se ha reunido nada más que para resolver si entra o no el Muliñán.

—¡Señor presidente! —añadió el leopardo con tono llorón—. ¡Me preocupa la situación de ese animal que quiere entrar! Hablamos y hablamos sin resolver nada. ¡Se va a morir de hambre!

Y la pantera lloraba a lágrimas viva, mientras decía:

—¡Pobrecito Muliñán!… ¡Esperando tanto tiempo!… ¡Y no se decide nada!

El benteveo pidió la palabra:

—Estoy conforme con que el Muliñán entre y se alimente de lo más inútil del mundo. Yo creo que lo más inútil es lo más feo, y lo más feo es el murciélago.

—El murciélago, señores —mugió el búfalo— es un animal muy útil. Durante las noches, caza sin descanso una cantidad de bichitos odiosos que luego molestan durante el día. Yo propongo que el Muliñán se alimente de tábanos.

—Si seguimos así —interrumpió el zorro—, nunca llegaremos a una solución.

El búfalo no ha calculado los millares de tábanos diarios que necesitaría el Muliñán para alimentarse.

El elefante se acercó al presidente y le habló al oído. Cuando se retiró, el león dijo:

—El elefante ha venido a anunciarme que Muliñán nos pide una respuesta.

Hubo un instante de silencio, y luego una batahola de bufidos, cacareos y silbidos.

—Pido la palabra —gritó el pavo—. ¡Nuestra situación es intolerable, nos rellenan y nos comen! ¡Propongo que el Muliñán sirva para eso: que lo engorden, y lo metan en el horno y se lo coman en Navidad!

Sus palabras provocaron fuertes carcajadas.

La nutria opinó:

—Nunca oí una pavada más grande que la que acaba de decir el pavo. ¡Hasta el lirón se ha despertado con tanta risa!

La comadreja pidió la palabra y dijo:

—Propongo que aceptemos al Muliñán, con la condición de que coma lo más inútil, que son las víboras y las serpientes.

—¡Qué disparate! —exclamó la perdiz—. Víboras y serpientes se alimentan de ratas y ratones que devoran las cosechas.

—Los más inútiles —señaló el cóndor— son los buitres y los caranchos, esas desagradables aves de rapiña.

—¡Apoyado! —exclamó el águila.

—Sin embargo —replicó el ciervo—, limpian el campo al alimentarse de los animales muertos.

—¡Los inútiles son ellos! —afirmó el carancho, mirando al cóndor y al águila con desprecio.

—Los inútiles —chilló la ardilla— son los peces. Imposible comerlos… ¡No sirven para nada!

—¡Y qué sabes tú sobre peces! —le contestó la gaviota.

—¡Señores —dijo el lobo—, no perdamos tanto tiempo. Lo único inútil es lo que está debajo de la tierra.

—¡Que el Muliñán se alimente de lombrices!

—¡Que salga la lombriz! ¡Que hable y se defienda! —ordenó el león.

Ante la sorpresa de todos, la humilde lombriz se asomó a la superficie de la tierra y dijo:

—¿Ustedes dicen que yo no sirvo para nada? Si estoy aquí es porque soy necesaria, quizá más que ningún otro de los animales.

Las risas, cacareos, chillidos y rebuznos obligaron a la lombriz a suspender su discurso.

Cuando se callaron continuó:

—Debería darles vergüenza: ¡Todos ustedes viven gracias a nosotras!

—Vamos, vamos —replicó el lobo—. ¡Hay que hablar claro!

—¡Silencio! –rugió el león.

Todos callaron y la lombriz continuó:

—Si la tierra no está en buenas condiciones, no pueden existir los vegetales, y tampoco los animales. ¿Y quiénes son las encargadas de trabajar la tierra para que sea fértil? Somos nosotras las que renovamos la tierra trabajando día y noche. Excavamos, ventilamos y purificamos. Sin nosotras, el suelo sería reseco y duro. Por eso somos tan numerosas, para que en la tierra exista vida.

—Recibimos una lección de quien está tan abajo, tan abajo que ni sabía yo que existía —dijo el cóndor.

—¡Con todo mi poder, yo sería incapaz de realizar la tarea de la lombriz! —exclamó el león.

—¡Un aplauso, señores, por estas palabras! Los más pequeños también somos importantes —zumbó el mosquito.

—¡Alto ahí! —gritó el mono secretario—. Ese no tiene derecho a opinar. ¡Es de los que se colaron!

Pero el mosquito, al oír las primeras palabras del mono, ya se había escapado.

—¡Lo que dijo la lombriz —añadió el cascarudo— debe servir para que se nos tenga más consideración a los humildes y no seamos pisoteados por los grandes.

—Ya ven —agregó la golondrina— que todos los seres son de alguna utilidad. Los mosquitos se colaron en el mundo, pero nosotras nos alimentamos de ellos durante el día y los murciélagos los comen de noche.

—Es muy útil que alguien se coma los mosquitos y los tábanos —dijo la cebra.

—Este desorden es intolerable —exclamó el tigre.

—¡Señores! Lo mejor será que votemos por sí o por no. ¡Que el secretario junte los votos! —decidió el león.

Así lo hizo el mono secretario, pero era tan grande la batahola, que era imposible saber qué opinaba la mayoría. Algunos, muy astutos, habían votado dos veces. Otros, como los murciélagos, hacían ruidos que nadie entendía.

Ante la confusión, el león resolvió darle tiempo al Muliñán para que pensara en qué podría ser útil y de qué se alimentaría.

Dicen que, cada tanto, los animales vuelven a reunirse en el Bosque Azul. Pero todavía no pudieron tomar una decisión sobre el Muliñán. Por eso, ese raro animal aún no ha entrado en el mundo.

FIN

miércoles, 21 de enero de 2015

X Congreso Internacional ANILIJ 2015

"Recordad que cada vez está más cerca nuestro X Congreso Internacional ANILIJ 2015 que tendrá lugar en la ciudad de Vigo los días 23 y 24 de abril. Tenéis toda la información en español e inglés, así como los formularios de inscripción y demás documentos necesarios, en el blog que hemos creado específicamente para el evento y que podéis visitar en



https://xcongresointernacionalanilij.wordpress.com

domingo, 26 de octubre de 2014

Me gustaría ser ahora esa escritora

Por Enrique Pérez Díaz
cultura@juventudrebelde.cu
25 de Octubre del 2014 19:19:11 CDT




Cuando se acerca a su octava década de vida Nersys Felipe, la mujer que hace años inmortalizó su terruño con unos cuentos que han hecho suyos varias generaciones de lectores; quien sueña con ser recordada como una mamiabuela; la señora que hilvana historias para hacer que nuestra alma lata conmovida y nosotros creamos en el mejoramiento humano; esa persona sencilla que este año venció su timidez y se asomó a Cuba toda durante la Feria Internacional del Libro 2014, nos confiesa en esta entrevista la génesis de su última novela, Premio de la Crítica 2014, y el susto por ser reconocida de manera especial en el Premio Iberoamericano SM de Literatura Infantil y Juvenil (por «su destacada trayectoria, por su protagonismo en la renovación de la literatura infantil iberoamericana, por la belleza y el uso poético del lenguaje y por el humanismo y la universalidad de sus obras»), que ha sido recibido por importantes autores como Juan Farias (2005), Gloria Cecilia Díaz (2006), Montserrat del Amo y Gili (2007), Bartolomeu Campos de Queirós (2008), María Teresa Andruetto (2009), Laura Devetach (2010), Agustín Fernández Paz (2011), Ana María Machado (2012), Jordi Sierra Fabra (2013) y ahora Ivar Da Coll en el 2014. Y así, mientras desteje memorias, también nos da algunas claves de su creación y amor por las figuras patrias, su esencia y lugar en el mundo.

—Es reciente la noticia de que, nominada por el Instituto Cubano del Libro a través de su editorial Gente Nueva, el jurado del Premio Iberoamericano SM de LIJ te confirió un reconocimiento especial. ¿Qué trascendencia le ves al hecho de ser la primera cubana en conseguirlo?

—Esta distinción me sobrepasa, «si acaso me leerán», así me decía cada vez que recordaba que mis libros andaban por México. Por eso valoro tanto este reconocimiento y me honran las palabras que lo fundamentan. Me postularon gustosos el Instituto Cubano del Libro y la Editorial Gente Nueva. Mi obra viajó para ser juzgada, la valoraron bien y nadie salió decepcionado. Sin esa iniciativa, sin esa confianza, no habría sido yo la primera cubana en recibir este reconocimiento. Eso no lo sabía. Hoy lo supe por ti. Y siento que ha sido bueno para la literatura infantil y juvenil cubana.

—Pepe y la Chata es tu más nuevo libro publicado. Aunque en tu obra la crítica ha reconocido un innegable aire martiano, ¿qué te motivó a abordar la infancia de José Martí y sus hermanas, especialmente la Chata? ¿Cómo lograste alternar investigación histórica y sentimientos? ¿Qué significa para ti recibir el Premio Nacional de la Crítica Literaria precisamente por esta obra? ¿Abordarías, motivada por la buena acogida de este libro, a otra figura histórica en el futuro?

—Me lo vas a creer porque eres escritor. Fueron las torrejas las que me llevaron a Pepe y la Chata. Las hacía mi abuela, las hizo mi madre, las hago yo. Forman parte de mi vida y un día las recreé: la dulcera, Leonor Pérez; los comensales, dos niños, sus hijos mayores, un varón y una hembra. Seguro yo había estado leyendo a Martí, lo recreado se llamó Las torrejas, y porque en la escritura un sucedido lleva a otro, aquel cuento no paró hasta convertirse en novela, y mientras se convertía, la Chata se perfilaba e iba y venía cariñosa, irreverente y parejera.

«Para aprehender y poder mostrar a una Chata así, y a un Pepe auténtico y entrañable, investigué, leí los cuentos y los poemas de La Edad de Oro, los Versos sencillos, cartas, muchas cartas, supe de la época, solo pensaba en la familia Martí Pérez y acabé mudándome para Industria 32. Allí entendí a Mariano y me solidaricé con Leonor, le di a Pepe un amigo, le di su primer amor, y no sé qué más decirte.

«Lo que investigas te mueve, quedas prendada de lo que investigas, prendada sin remedio, y descubres sentimientos, y nacen en ti otros, y eso es así. Para hacer creíble a Pepe, lo pensé niño y vivió, como cualquier niño de familia humilde, en La Habana del siglo XIX. Pude lograrlo porque investigué y leí, porque dentro mío alentaba Martí, y porque conozco a los niños por mi condición de maestra-madre-abuela. Ah, y por lo mucho que trabajé con ideas, sentimientos y palabras.

«Pienso y me digo: “no fue fácil”, pienso más y agrego: “pero me hizo feliz”. Y te cuento, Enrique: cuando escuché por teléfono que Pepe y la Chata había merecido el Premio Nacional de la Crítica, mi día estaba nublado, con la noticia fue aclarándose, enteré a la familia, a los amigos, y me amigué con la vida. ¿Qué marca en mí esta obra? La certeza de que pude. Y en cuanto a si abordaría otra figura histórica, ahora mismo saldría en busca de El Mayor. Quisiera, Enrique, pero no puedo. Y no sabes cuánto me entristece no poder».

—Este parece haber sido un año importante profesionalmente, pues el hecho de que se reimprimiera buena parte de tu obra y apareciera tu última novela con motivo de la FIL 2014, marca un hito en tu vida. ¿Cómo te sentiste con esa Feria pensada para ti y Rolando, por primera vez dedicada en parte a una autora para la infancia? ¿Qué experiencias guardas de tu recorrido por Cuba? ¿Quisieras enviar un mensaje al pueblo de esta Isla que tuviste oportunidad de visitar?

—Sí, lo ha sido, y en la Feria me sentí como llevada en carroza, de palacio en palacio y con un acompañamiento de lujo: Rolando Rodríguez, profesional talentoso y gentilhombre; mi hijo Gabriel, queriéndome porque sí y devenido fotógrafo; y tú, Enriquito, más que colega, amigo-hermano. Y con ustedes la alegría de los que en Cuba creamos para los niños y los jóvenes y que hicieron suyo mi premio y conmigo lo disfrutaron. Y la gente, Enrique, la gente recibiéndome de Pinar a Santiago y dándome lo mejor para que me sintiera como en casa. Siempre, si es valioso, el ser humano es lo mejor. Y qué decir de los niños; a dondequiera que llegábamos, canciones, flores, mensajes, dibujos, y mirándome con ojos de «¡sí, es ella!» o de «¡pero si es igualita a mi bisabuela!». Cuántos obsequios y reconocimientos, cuánta palabra linda y sentida, sentida hasta las lágrimas. Nunca acabaré de agradecerlo.

—¿La joven Nersys Felipe que hace casi 40 años se presentó por primera vez al Premio Casa de las Américas con su libro iniciático Cuentos de Guane, pudo imaginar convertirse en una de las autoras más queridas de los lectores cubanos? ¿Podemos esperar otras obras tuyas? ¿Trabajas en algún proyecto actualmente?

—No, Enrique, qué va, era imposible imaginarlo en aquel entonces. De un tiempo acá, sí. Y hoy tú lo corroboras. Una escribe, recibe reconocimientos, recibe premios, este de ser tan leída y querida es uno de los mejores. ¿Y cómo lo recibo?, pues sentada a mi compu, respondiendo tu entrevista y de manos de un jurado que no se reúne ni discute para premiar porque juzga cada día, de año en año, por muchos años y mientras lee. Premio callado. Premio que requiere, de sus posibles premiados, trabajo sostenido, constante superación y toda la paciencia de este mundo. Soy dichosa, me leen, me quieren, y ojalá pudiera anunciarle aquí a mi público un nuevo título. Pero no puedo, Enrique.

—¿Cómo se aprecia la creación personal cuando uno ha recorrido un camino como el tuyo y muchos confiesan ser sus deudores por cuanto les enseñaste con tus obras?

—La aprecio como un don, pero no mágico sino alcanzado luego de más de 40 años de trabajo animoso e incansable y también como un magisterio si en verdad muchos se han sentido mis alumnos luego de leer algún libro mío. Aprendí mucho así, y aún sigo aprendiendo de los mejores, y de mis errores.

—¿Existe alguna palabra que te defina como ser humano y con la cual quisieras ser recordada siempre?

—Mamiabuela.

—¿Algo más que agregar?

—Solo darte las gracias por esta entrevista.

—Si no fueras Nersys Felipe, ¿te hubiera gustado ser otro escritor?

—Me gustaría ser ahora una escritora sensible, imaginativa, curiosa y capaz de maravillarse ante lo más sencillo; lectora en activo, estudiosa, averiguadora y de vista fresca y sana; dueña de un almacén de temas e ideas y capaz de escribir dos textos a la par, y de escribirlos bien.

«Me gustaría ser ahora una escritora andarina, de huesos sin crujidos, sin dolores, preocupada por el mundo en que vive y por la tierra en que nació; una sincera, paciente, trabajadora, dispuesta a asimilar lo mejor de los demás y a recordar que nunca acabará de aprender. Me gustaría ser ahora esa escritora. Anda por ahí. Y no tiene nombre».

Poesía de... Nersys Felipe Profesora, poetisa y narradora cubana. Varias generaciones se han formado con sus Cuentos de Guane. Ha obtenido en dos ocasiones el Premio Casa de las Américas y es también Premio Nacional de Literatura. El próximo noviembre la Feria Internacional del Libro de Guadalajara le entregará un importante reconocimiento.

Plan de viaje hallado dentro de un corazón

Cumplimiento: urgente.

Quién lo mueve: la nostalgia.

Estancia: treinta días.

Salida: hoy mismo.

Arribo: también hoy.

Destino: una niña llamada Cecilia.

Travesía: por un ancho y profundo mar.

Embarcación: inaufragable.

Derrotero: recto al norte, sorteando aviesas corrientes,

y a cargo de la brújula y del bregar de a bordo,

Sapito y Sapón.

Motivos del viaje:

Verla.

Besarla.

Mirarme en sus ojos y escuchar su voz.

Darle una bandera.

Un pozuelo de torrejas.

Y en cuatro posturitas de mariposa blanca, mi alma

y la fragancia de Cuba abierta en flor.

http://www.juventudrebelde.cu/suplementos/el-tintero/poesia/2014-10-25/me-gustaria-ser-ahora-esa-escritora/

miércoles, 15 de octubre de 2014

Diego Arboleda gana premio nacional de literatura infantil por su obra "Prohibido leer a Lewis Carrol"



Diego Arboleda ha obtenido el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil en su edición 2014 por su novela Prohibido leer a Lewis Carrol (Anaya).

El galardón, dotado con 20.000 euros, lo concede el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte para distinguir la obra de un autor español escrita en cualquiera de las lenguas oficiales del Estado y que haya sido editada en España durante el pasado 2013.

El jurado que ha fallado este martes el premio ha distinguido el libro de Arboleda por ser "una obra extremadamente original, con un brillante sentido del humor y un gran ritmo narrativo".

"Destaca por sus personajes sólidos y muy bien construidos, así como por la fina ironía de los juegos lingüísticos", ha precisado.

Una obra con numerosos premios
Arboleda (Estocolmo, 1976) es licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad Autónoma de Madrid. En el 2008 publicó su primera obra, Tic-Tac, ilustrada por Eugenia Ábalos y un año después publicó Mil millones de tuberías, ilustrada por Raúl Sagospe, en un estilo mixto que funde ilustración y texto.

En 2013 publicó Prohibido leer a Lewis Carrol, ilustrada también por Raúl Sagospe. Esta obra mereció el Premio Lazarillo y fue incluida en las principales listas de los mejores libros de 2013 y recibió el premio de la Fundación Cuatrogatos de Miami que escoge los mejores títulos publicados durante el año anterior, con el fin de destacar y dar mayor visibilidad a los libros infantiles que se caracterizan por sus cualidades literarias y plásticas.

El jurado que ha fallado el galardón ha estado presido por Teresa Lizaranzu, directora general de Política e Industrias Culturales y del Libro y formado por Inés Fernández-Ordóñez, Fina Casalderrey, Mariasun Landa, Itziar Zubizarreta, Francisco de Borja Rodríguez, Mariano Garrido; Andrés Sorel y Laura Gallego y César Mallorquí, los dos últimos ganadores del galardón.

http://www.rtve.es/noticias/20141014/diego-arboleda-premio-nacional-literatura-infantil-juvenil/1029612.shtml




En Prohibido leer a Lewis Carrol el autor narra la historia de Eugene Chignon, una joven institutriz francesa que en 1932 viaja hasta Nueva Cork para cuidar de una niña llamada Alice, cuya desatada pasión por el mundo creado por Lewis Carroll ha provocado que sus padres le prohíban leer sus libros.

Eugene Chingnon comprobará que las extrañas cualidades, los personajes extravagantes y las situaciones absurdas no son sólo patrimonio del País de las Maravillas, sino que se encuentran a menudo en nuestro mundo y especialmente en esa casa.

La comedia disparatada y los datos históricos reales tienen cabida en esta novela, en la que el sinsentido, ese nonsense tan emblemático de Carroll, acaba teniendo mucho sentido.

Una obra original a la hora de construir una historia literariamente muy potente y al atreverse a jugar con el lenguaje y la estructura de las frases.

http://bibliopazos.blogspot.com/2012/11/ramon-trigo-y-diego-arboleda-premios.html

sábado, 20 de septiembre de 2014

Los que escriben para niños se confiesan

Por Fernando Rodríguez Sosa

Magaly Sánchez Ochoa
No resulta un secreto afirmar que toda entrevista es, siempre, algo más que un simple juego de preguntas y respuestas. A través de esos diálogos es posible no solo confirmar lo conocido, sino, también, develar lo desconocido. De ahí el insospechado valor que encierran esas conversaciones como fuente testimonial de indudable alcance, trascendencia y permanencia. La publicación del volumen titulado Los que escriben para niños se confiesan (Editorial Gente Nueva, 2013, 352 pp), de Enrique Pérez Díaz, confirma la certeza de que las entrevistas no han dejado de ser lectura obligada para quienes se interesen en conocer, entender, apreciar, la información brindada por ese enriquecedor intercambio que se produce entre un entrevistador y su entrevistado.

Nersys Felipe
Casi un centenar de entrevistas se agrupan en las páginas de este libro, todas realizadas, a lo largo de varias décadas, a escritoras y escritores cubanos de diversas generaciones, estilos, tendencias, residentes dentro y fuera de la isla, quienes se han dedicado a crear, tanto en verso como en prosa, obras dirigidas al exigente público infantil y juvenil.

La conversación sostenida con la investigadora de la literatura para niños y jóvenes Alga Marina Elizagaray –una figura referencial dentro de los estudios del género en la isla— abre esta entrega, que se cierra con el diálogo del autor con otro investigador, Ramón Luis Herrera, quien ha preparado un diccionario de literatura infantil y juvenil cubana ahora en proceso editorial. Entre una y otra entrevista, Enrique Perez Díaz también reproduce sus encuentros con Dora Alonso, Nersys Felipe, Julia Calzadilla y Magaly Sánchez Ochoa, nombres imprescindibles en la historia de la literatura infanto-juvenil insular; así como con otros escritores de más recientes promociones, entre ellos Geovannys Manso, Yanitzia Canetti, Néster Núñez y Yunier Riquenes.
Dora Alonso
El entrevistador se propone –y logra— que sus entrevistados cuenten, de la manera más minuciosa y exhaustiva posible, momentos claves de sus vidas, esos que les permitan revelar cómo, por qué, cuándo, se interesaron en escribir para los pequeños; además de comentar acerca de sus libros publicados y de otros temas relacionados con el mundo de la creación literaria. El origen de Los que escriben para niños se confiesan se remonta al año 2006, cuando, bajo el sello de la editorial guantanamera El Mar y la Montaña, se publica El fuego sagrado, que agrupa algunas entrevistas, reunidas bajo el precepto martiano de que “¡con el fuego sagrado nos refugiamos, orgullosos de nuestra soledad, en las cumbres de nuestras conciencias!”. Autor de una amplia obra para la niñez y la juventud, Enrique Pérez Díaz (La Habana, 1958), narrador, crítico, editor, investigador y promotor cultural, ha recibido casi una veintena de galardones literarios, entre ellos los premios Pinos Nuevos, Ismaelillo, La Edad de Oro, La Rosa Blanca, Abril, Razón de Ser y Aniversario del Triunfo de la Revolución. En su bibliografía –traducida al japonés, eusquera, catalán, gallego, alemán, portugués, inglés e italiano-, aparecen, entre otros títulos, ¿Se jubilan las hadas?, Monstruosi, Escuelita de los horrores, Inventarse un amigo, Cuando llegan las cigüeñas de París, País de unicornios, Minicuentos de hadas, Mensajes, El mar no tiene color, Las alas del crepúsculo y Giselle. Ahora, con Los que escriben para niños se confiesan  le interesa –según sus propias palabras— “promocionar la obra de mis colegas coterráneos y por parecerme justo y necesario estimular el diálogo entre autores que juntos luchamos a brazo partido y que, en definitiva, conformamos un mismo movimiento que, desde cualquier punto de vista, únicamente aspira a llegar hasta su posible lector”. Este libro no solo llega, sin embargo, para enriquecer la extensa y diversa producción literaria de su autor. Llega, asimismo –y eso es lo verdaderamente trascendente—, para, a través de esas conversaciones, conocer y apreciar, en la voz de sus propios protagonistas, el rumbo de la literatura infantil y juvenil que, desde hace ya más de medio siglo, florece en la mayor de Las Antillas.

Enrique Pérez Díaz


Ver más: Los que escriben para niños se confiesan http://www.trabajadores.cu/20140919/los-que-escriben-para-ninos-se-confiesan/


miércoles, 15 de agosto de 2012

Ángela Lago: La promoción de la lectura


2002 Cerlac

Me gustaría abordar los siguientes temas:
La imagen como un primer signo;
la expresividad de algunas imágenes y su capacidad de narrar historias;
la conjugación de los dos lenguajes: imagen y texto.
Me gustaría también hacer una rápida comparación entre el libro y la narración en los nuevos medios.
Me voy a permitir ejemplificar con mi propio trabajo. Así al menos evitaré un equívoco: el de interpretar erróneamente la intención del autor.
La cuestión propuesta en este seminario es el de formar lectores comenzando el contacto con el libro lo más temprano posible. No hablaremos ni de las narraciones orales, ni de las narraciones leídas por los adultos a los niños, aunque éstas sean, a mi modo de ver, la dos formas ideales de hacer que los niños se interesen por la literatura. Comenzaremos nuestra charla con la imagen como primer texto.
El niño pequeño al hojear sus primeros libros aprende a reconocer signos. El mundo puede ser representado y leído, es lo que él descubre cuando nombra casa pelota, elefante. No importa si el libro fue hecho o no con esa intención. Él se apodera del papel impreso y lee con este enorme placer que nosotros, humanos, sentimos cada momento en que comprendemos y experimentamos algo nuevo.
El niño será capaz de reconocer, posteriormente, una secuencia de imágenes y comprender la estructura del libro, este objeto, el códice, que en el último milenio fue la propia estructura de la lectura. El niño aprenderá que el desarollo de una historia se realiza al pasar las hojas y leerá las imágenes en sentido alfabético, mucho antes de conocer el ABC.
A pesar de que el niño no tiene conciencia de eso, y muchas veces los adultos tampoco, él comprenderá que, cuando su personaje camina conforme la lectura alfabética, él estará yendo hacia adelante; sin embargo, si contraría la lectura habitual y va hacia la izquierda, estará volviendo hacia atrás. En este momento nuestro lector ya está obviamente listo para seguir una trama lineal. Por cierto, ir y volver es la trama de muchos libros de imágenes, incluso el mas conocido de ellos, Where the wild things are.
El segundo punto que me gustaría abordar es el de la expresividad. Está claro que la secuencia de imágenes a través de las páginas tendrá contenido expresivo en la medida en que las imágenes sean capaces de narrar una historia, de ser leídas como un cuento.
Nadie mejor que el propio niño para enseñarnos como hacer eso. Un hecho curioso es que los primeros ilustradores, cuando el libro manuscrito todavía suponía un público poco letrado, también hacían eso muy bien, usando recursos bastante similares a los de los niños.
Para los iluministas, así como para los niños, la perspectiva todavía no obedece las leyes rígidas del renacimiento y de la perspectiva fotográfica. Ella puede ser usada para cosas más importantes que intentar reproducir el mundo como él parece ser si lo vemos a través de un marco de cuadro o de lente limitando la mirada.
Aceptemos la visión desencuadrada de los niños, de los iluministas medievales y de tantos artistas de finales del siglo XIX hasta el presente siglo XXI, como una posibilidad interesante de representación del mundo para la narración por imágenes. Llamaremos a ésta visión, perspectiva afectiva, ya que ella trata la cuestión de las proporciones afectivamente. Y veamos a través de dibujos infantiles cómo ella nos ayuda a contar una historia. Sabremos rápidamente por el tamaño, por ejemplo, quien es la figura dominante si le pedimos a un niño un dibujo de su familia. En Lowenfeld-Brittain* encontraremos otros ejemplos magníficos de la capacidad narrativa de los dibujos de niños. Un dibujo donde vemos la montaña y la mina dentro de la montaña, nos enseña que podremos ver simultáneamente, con una mirada de rayos X, lo que pasa dentro y fuera.
Otro dibujo nos muestra como es fácil saber lo que tenemos encima de la mesa, o el trayecto que el barco realizó durante el picnic en la isla, pues rebatimos la perspectiva de acuerdo con nuestra necesidad. Y podemos también resolver, de una manera simple y eficiente, la cuestión de un dibujo con doble sentido, dibujando de cabeza para abajo los dos amigos que se saludan, de cada lado de la calle.      Veamos esa misma pespectiva en un libro mío, que puede ser leído a partir de cualquiera de las dos tapas.

El uso del color puede también favorecer la expresividad, si no nos preocupamos con su "realidad". En esta ilustración más reciente no me importó la veracidad del color del gato, y sí su contraste con el rojo. Quería resaltar la curiosidad del gato. Un tono más frío y, por tanto, reflexivo, nos ayuda en la pregunta: ¿El gato piensa? en otra pagina, o el contraste de las tonalidades acentúa el calor del color naranja y la pereza del bicho. Sabemos que los colores tienen una temperatura que va del azul violeta al rojo. En este libro exploro la relación de éstas temperaturas con el azul turquesa fluorescente de la mirada del gato.

Los colores pueden también funcionar como un signo. Veamos un ejemplo bien obvio. En el libro sobre un pequeño vendedor junto a un semáforo, me apropié del significado de los colores en el tránsito. Los colores verde, amarillo y rojo serán repetidos a través de las páginas y también en los objetos o frutas dentro de la caja del niño. Dentro del código conocido ellos dicen: pare, mire, antes de seguir.

En este libro traté también de aprovechar que en el medio impreso tenemos un cambio del ángulo de lectura con el pasar de las páginas . Y uso eso para acentuar el movimiento, colocando rodilla y codo en el doblez de la hoja, o todo el niño apretado ahí, para acentuar el significado de la composición de este dibujo.

Puedo inclusive, rebatir la perspectiva, acentuando la separación de los personajes. Al pasar la hoja, comprenderemos que se trata de la puerta del coche y que el niño mira por la ventana.

Ahora bien, volvamos a mis otros maestros predilectos, los iluministas, para abordar el tercer aspecto que nos interesa en esta charla: la conjugación texto e imagen. En la Biblia Pauperum tenemos el uso del globo que hoy asociamos a los comics. La economía del lenguaje que los globos, y otras formas de conjugación de texto e imagen, facilitan y agilizan la lectura, si estamos considerando poblaciones poco letradas. La transformación del texto en imagen y viceversa tiene también un poder de comunicación que parece haber sido bien comprendida en la edad media. Un ejemplo encontrado en los manuscritos: un texto escrito con la forma de la cruz.
Me gustaria destacar una posibilidad que les agrada a los pequeños lectores: los libros escritos como "carta enigmatica". Estos libros parecen favorecer la reteción del contenido de la lectura. Mi hipótesis es que los lectores iniciales por la dificultad de deletrear de a poco el texto muchas veces no consiguen recordar lo que leyeron al llegar al final de cada página, En estos libros los dibujos ayudarián a recomponer la lectura. En esa página Su Alteza la Divina, haciendo tres con los dedos, nos recordara que es preciso acertar tres adivinanzas. Y los ahorcados, rey, soldado, capitan, truhán, que los primeros pretendientes no tuvieron éxito.

Una segunda hipótesis: como la lectura funciona como un juego, es necesario un esfuerzo para darle un sentido a la frase. Este esfuerzo sería también un factor que ayudaría en la retención del contenido.
En este libro "Una novela casi completa", le propongo al lector que me ayude a terminar los personajes de los cuales solo tenemos los contornos. No se trata de colorear: faltan ojos, boca, ropas, cosas muy importantes en ésta historia teatral, novelesca.

Esa conjugación del texto y la imagen se hace también de maneras más sutiles. El libro "A banguelinha" fue dibujado por un personaje. Podemos ver el trazo del viejo. Les aseguro que éste trazo no es mío. Y podemos ver que el libro fue escrito con letra de su antigua máquina de escribir. Esa coherencia en la vejez, ayudará al lector a comprender y ser compasivo con las vacilaciones del texto que deja algunas dudas en cuanto a la existencia y el sexo de los ángeles. Por lo menos así lo espero. Convengamos, el ilustrador-narrador omnisciente no siempre es el narrador más expresivo.
Aquí quien cuenta las historias de espanto soy yo misma. Pero las cuento como las oí de niña. Y como niña, dibujo. Ahora el temblor del trazo es debido al pavor que las historias me provocan.

Me gustaría, por último, comparar un ABC en forma de libro y mi ABC para internet. Ustedes tendrán derecho a queja, pues mi compromiso era el de hablar sobre cuentos e imágenes. Tal vez hasta parezca una provocación. Es que a nosotros, los que escribimos y dibujamos para los niños, se nos recomendó insistentemente no enseñar nada en nuestras historias, durante los últimos 30 o 40 años. Intentaron de todas las formas posibles convencernos que era posible contar una historia sin ninguna ideología. Literatura debía ser sólo placer. Es verdad. Conocer un nuevo personaje es placer pero al mismo tiempo es conocer, saber.
Vamos pues a considerar la posibilidad del ABC ser un primer cuento que le ofrecemos a un niño. Un cuento de misterio escrito en código para ser descifrado. Es cierto que su trama es un tanto fragmentada, pero, al final, eso no está en desacuerdo con la literatura del siglo XXI.
La verdad debo confesar que coloqué el título antes de preparar la ponencia y ahora estoy en apuros. Pero si una de las funciones de la literatura es la de abrir puertas y ventanas y ampliar nuestra pequeña visión en nuestra rápida pasada por el mundo, esforcémonos un poco y aceptemos el ABC como primer cuento. Un cuento que una vez descifrado nos promete la llave para descifrar un mundo.

En mi ABC tenemos una adivina para cada letra. La respuesta se esconde dentro de la hoja doblada. (Diapositivas 32/33/34/35) Veamos ahora en internet como el juego funciona. No tiene sentido copiar el libro en esta nuevo medio. Es necesario reinventar prácticamente todo. No hay páginas que pasamos y abrimos. Las posibilidades, la estructura es otra.
Veamos también en Internet mi recuento de la Historia para acostarse más temprano. Es una lectura dramatizada de la forma más simple y lineal de cuento. "El niño vio a la mujer que bostezaba y bostezó también. La niña vio al niño y a la mujer que bostezaba y bostezó también. El perro vio a la niña, y al niño y a la mujer que...". Pero, esperen, todo salió fuera de lugar y nuestro lector tendrá que resolver la cuestión para que ellos puedan dormirse más temprano como manda el texto.
Ciertamente la posibilidad pedagógica queda más acentuada en estos trabajos para Internet donde el juego se puede prolongar en experimentaciones y tentativas de aciertos y errores. La posibilidad de asociar los dos medios para regalar a nuestros niños el placer de poder leer bien pronto me viene interesando cada vez más. Pero en los nuevos medios los cuentos se van a transformar en una otra cosa que todavía estamos experimentando. Y los libros, con sus características y posibilidades propias, así espero, permanecerán como fueran criado en el inicio del ultimo milenio. Ó sea, perfectos.


*V. Lowenfeld-WL.Brittain, Desenvolvimento da Capacidade Criadora, Editora Mestre Jou, São Paulo 1970. Figuras 86, 82, 83, 80.
**http://www.angela-lago.com.br/ABCD.html

domingo, 22 de enero de 2012

Prima respeto al niño en literatura infantil latinoamericana

Por Francisco G. Navarro

Cienfuegos, Cuba, 21 ene (PL) El narrador Carlos Frabetti, italiano residente en España, consideró hoy que en la actual literatura infantil latinoamericana se observa un gran respeto al niño y preocupación por los temas sociales.

  Frabetti, con más de 30 libros publicados, la mayoría con destino al público infantojuvenil, declaró a Prensa Latina que su participación por estos días en las labores del jurado del Premio Literario Casa de las Américas le permite tener una idea abarcadora sobre esa producción intelectual.

También aludió a su sistemática participación a lo largo de la última década en las ediciones de la Feria Internacional del Libro de la Habana, en la cual toma contacto con lo que se escribe en Cuba y América Latina para ese segmento de lectores.

El también miembro de la Academia de Ciencias de Nueva York elogió al Premio Casa, al cual "venía siguiendo desde hace tiempo, solo que hasta ahora conocía nada más los resultados finales, por lo general muy buenos, pero en calidad de jurado esta vez he podido comprobar el prestigio y la solidez del concurso".

En el caso concreto de la literatura infantil existe un muy buen nivel y sobre todo una preocupación por el mundo de la infancia, esto último puede sonar paradójico, pero es así, reiteró el creador de populares personajes como el enano Ulrico y Calvina.

Es que en la literatura para niños escrita en Europa muchas veces se observa un cierto desprecio hacia la inteligencia y sensibilidad del niño, algo que quizá sucede también en el ejercicio de la docencia, comparó.

Frabetti lamenta la existencia de personas detentoras del saber "que vierten consignas en esos recipientes supuestamente vacíos que son los niños, a quienes tratan como si fueran tábula rasa, donde es preciso ponerlo todo y recibirlo de forma pasiva".

Durante mucho tiempo (la escritura para niños y jóvenes) ni siquiera se consideraba literatura, era como una prolongación de la pedagogía y del discurso moralizante, incluso muchos textos llevaban explícitamente una moraleja, recordó el matemático de profesión nacido en Bolonia en 1945.

En la ciudad portuaria de Cienfuegos el autor de una obra narrativa escrita enteramente en castellano trabaja junto a Leonor Bravo (Ecuador), Liliana de la Quintana (Bolivia), Avelino Stanley (Dominicana) y Nelson Simón (Cuba) en la selección del Premio Casa de literatura para niños y jóvenes.


http://www.prensa-latina.cu/index.php?option=com_content&task=view&id=470259&Itemid=1

lunes, 2 de enero de 2012

La escritora Maite Carranza escoge sus libros favoritos para niños y jóvenes


ANA BELÉN GARCÍA FLORES  02.01.2012
Maite Carranza
Cuenta la escritora, Maite Carranza, que comenzó su andadura en el universo de la literatura infantil y juvenil, “casi, casi por casualidad”, aunque desde niña siempre sintió el “gusanillo” de la escritura.

“Comencé por relatos breves para adultos, gané unos cuantos premios y descubrí que me premiaban aquellos en los que los protagonistas eran jóvenes. Sin pretenderlo había sabido interpretar una voz y dirigirme a un público”, relataba sobre sus inicios en un encuentro digital con lectores en RTVE.es.

Su vocación se ha materializado estos años en una extensa producción literaria, suma más de cuarenta títulos, en un campo en el que se siente “muy cómoda”.

Su obra más emblemática es la trilogía fantástica La guerra de las brujas (2005-2007) un best seller de leyenda y misterio sobre hechiceras mediterráneas “que ha cautivado a medio mundo”, y ya ha sido traducido a más de 25 lenguas.

Por su última novela Palabras envenenadas (Editorial Edebé), escrita inicialmente en catalán, ha sido galardonada con el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil, concedido por el Ministerio de Cultura.

La historia relata un día trepidante, el de la búsqueda de Bárbara Molina, una joven de quince años, desaparecida misteriosamente. Una denuncia de los abusos sexuales infantiles, sus devastadoras consecuencias y su invisibilidad.

La escritora ha seleccionado, los que a su juicio, son los mejores libros de todos los tiempos para niños y jóvenes, “el público más exigente”. Estas son sus sugerencias. Pasen y lean:

'Las Brujas', Roald Dahl. Desbordante de ironía y ternura. Cargado de humor sarcástico y políticamente incorrecto. Una maravillosa recreación del universo oscuro de las brujas.
'Harry Potter', J.K. Rowling. Aplaudo la creación de un personaje inolvidable que ha transcendido a la categoría de universal. Una saga mágica, aventurera y humorística que ha hecho las delicias de niños y mayores.
'Las aventuras de Tom Sawyer', Mark Twain. Un canto a la libertad, a la infancia en estado puro, a la picardía y a la amistad.
'La llamada de la selva', Jack London. El relato de aventura esencial. El retorno a la naturaleza (cruel y traicionera) y el amor por los animales.
'Las aventuras de Guillermo Brown', Richmal Crompton. El rebelde eterno. El antihéroe transgresor que sueña con imposibles y no lanza jamás la toalla. El humor de la incorrección.
'Las aventuras de Kasperle', Josephine Siebe. El títere grotesco, glotón, exigente e irrespetuoso. El niño maleducado, pero maravilloso, que se esconde detrás todo niño.
'La historia interminable', Michael Ende. Un guiño a los lectores voraces que desean sumergirse en las páginas de los libros que les atrapan. La promesa de un libro interminable. El sueño del lector enfermo de libros.
'La isla misteriosa', Julio Verne. La aventura de los desconocido, de mundos posibles dentro de nuestro mundo, de la emoción del descubrimiento y la supervivencia.
'El señor de los anillos', J.R. Tolkien. La recreación del mito y la leyenda. La fantasía clásica reinventada. La sabiduría de un filólogo convertida en narración apasionante.
'La materia oscura', Philip Pullman. La lucha eterna del bien contra el mal en clave fantástica. Una feroz crítica social narrada con humor, sencillez y efectismo.
'El guardián entre el centeno', J. D. Salinger. La voz del adolescente susurrando en el oído del lector. La frescura y la ingenuidad en primera persona.
'Las memorias de Idhún', Laura Gallego. La fuerza de la leyenda, la abrumadora recreación de universos fantásticos y la complejidad del amor imposible.
'Un mundo feliz', Aldous Huxley. Una necesaria reflexión sobre nuestro mundo en clave de ciencia ficción.

http://www.rtve.es/infantil/padres/noticias/escritora-maite-carranza-escoge-libros-favoritos-para-ninos-jovenes/486664.shtml

jueves, 29 de diciembre de 2011

La Colmenita presenta LA CUCARACHITA MARTINA (Cuba y Colombia)



La Cucarachita Martina unió a dos grupos teatrales infantiles, La Compañía de Teatro Infantil La Colmenita de Colombia y Cuba con La Orquesta Filarmónica Juvenil de San Cristóbal, Bogotá (Video tomado de la pantalla del computador - Lo emitieron en directo el 11 de noviembre para los cubanos y el domingo 13 en diferido para Cuba y para el mundo por Cubavisión y Cubavisión Internacional).
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La pieza teatral La Cucarachita Martina unió por primera vez en Cuba a las compañías de teatro infantil La Colmenita en La Habana (capital de Cuba) y su filial colombiana. "Esto es un sueño que nunca pensamos que se iba a dar", afirmó Carlos Alberto Cremata, el Director de La Colmenita. La puesta en escena estuvo acompañada por 60 miembros de la Orquesta Filarmónica Juvenil de San Cristóbal (Barrio de Bogotá) quienes pusieron ritmo a la comedia. Los niños, dirigidos por Carlos Alberto Cremata y José Francisco Arroyo, respectivamente, actuaron en el teatro Karl Marx (La Habana) el 10 y 11 de Noviembre de 2011. La Filarmónica tocó rumba, rock, bolero, corridos mexicanos y música campesina. El proyecto La Colmenita se ha extendido a otros lugares de Latinoamérica y Europa como Venezuela, Argentina, México, España. (teleSUR-prensalatina/mum-MM).

martes, 27 de diciembre de 2011

Más allá de la literatura de adultos


Por Carlos Sala

La Navidad es una fecha ideal para recuperar grandes libros de literatura infantil y juvenil escritos por autores para adultos. Destacan Eudora Welty, James Thurber y Jean Giono


Escribir para niños es lo mismo que escribir para adultos, salvo en un pequeño detalle, si no le gusta, el adulto leerá las cinco primeras páginas antes de dejarlo, aunque sólo sea por cortesía. El niño, sin embargo, si se aburre, lo dejará a la primera. Puede que finja que lee, sobre todo si le has prometido algún premio si sigue con el libro, pero la realidad será que habrá perdido la atención para siempre, las campañas a favor de la lectura se irán a la porra, y el chaval estará pensando en cosas como un mundo sin la letra “p” o en hombres con dedos larguísimos, de dos metros por lo menos, que les chifla meterlo dentro de las narices de sus odiosas profesoras, así, para fastidiar.

 La literatura infantil y juvenil, por tanto, no puede desmerecer nunca de la pensada para adultos, pues la exigencia es mayor.


Jacob Ludwig Karl Grimm (1785-1863) y Wilhelm Karl Grimm (1786-1859)

James Thurber

 Esos locos bajitos, como decía Serrat, saben lo que les gusta y lo quieren ya. No hay tiempo para enseñarles cosas nuevas, por eso no es nunca una literatura experimental.

 Hay que dejar claro que esto no significa que sea una literatura repetitiva o aburrida. ¡Ni hablar! 
 Es directa, de imaginación descontrolada, 
y por tanto más libre que la adulta, que está basada en el peso mecánico de la asquerosa ley «causa/efecto» y en la acumulación de información hasta la nausea.


 Con perros y con niños

Grandes escritores, que todo el mundo asocia con la literatura para adultos, han probado suerte con los cuentos infantiles y juveniles, para ver si serían capaces, pues algunos no son capaces.

 Sólo los mejores pueden dar brincos de un lado a otro. Los hay que han dado el paso tantas veces que es difícil diferenciar cuál es juvenil y cual no, como Jack London;

Roald Dahl y su esposa Patricia Neal

...los hay que también han dado el salto muchas veces, pero se han cuidado mucho de que los dos bandos sean opuestos, como Roald Dahl, pues nada tiene que ver «Las brujas» con «Mi tío Oswald», por ejemplo. 

Rudyard Kipling

Mark Twain
Arthur Conan Doyle

También hay que ya son imposible de diferenciar si son juveniles u adultos, como Stevenson, Arthur Conan Doyle, Mark Twain o Rudyard Kipling. Pero después hay un último grupo que han intentado cruzar la orilla una o dos veces, grandes plumas que, para desgracia de los niños, no se centraron más en ellos.


Cheever

Entre ellos, los nombres son infinitos, como John Cheever, el llamado Chejov americano, que puso su detallismo sentimental al amparo de los jóvenes...

Haruki Murakami
...o el japonés Haruki Murakami con el excelente relato «El hombre de hielo», que empieza con una frase ya de por sí inquietante: «Me casé con un hombre de hielo».

Fiódor Dostoyevski






Leon Tolstoi





Incluso seres torturados como Fedor Dostoievski, Leon Tolstoi, Alfred Bester o...





...Viginia Woolfe también dejaron sus complejos a un lado para acercarse, aunque sólo fuera por una vez, a los más pequeños,

Dentro de los casos más sobresalientes de este salto mortal sin red es Eudora Welty, una especie de Ana María Matute del sur estadounidense, de personajes tiernos y entrañables e historias en apariencia cotidiana del todo increíbles, que en 1942 escribió su único relato escrito específicamente para niños, «La novia del bandido» (Siruela), que nos remonta al Mississippi de finales del siglo XVIII, cuando indios y colonos formaban un ejército de conflictos a la que no tardaron en sumarse ladrones y forajidos. En la misma estela que los hermanos Grimm, Welty traza un relato a ratos sórdido a ratos tierno que convertirá en lectores a más niños que diez millones de campañas en favor de la lectura.
James Thurber
El lado más fantástico

Otro ejemplo de gran trasvase al mundo infantil es el del divertidísimo James Thurber, que apartó sus alocadas historias de burgueses aburridos de «The New Yorker» para escribir en «Los tres relojes» (Ático de libros) un auténtico hito de la novela fantástica y los reinos mágicos, con castillos fantasmagóricos y príncipes malos. Ático de libros también recuperará en febrero «La maravillosa O», otra genialidad de Thurber

http://www.larazon.es/noticia/7612-mas-alla-de-la-literatura-de-adultos


sábado, 17 de diciembre de 2011

Joel Franz Rosell (Cuba)

JOEL FRANZ ROSELL (Cruces, Cuba, 1954). Licenciado en Lengua y Literatura Hispánicas, ha trabajado como animador literario, como profesor y periodista. Tras dejar La Habana en 1989 ha residido Río de Janeiro, Copenhague, París y Buenos Aires. Actualmente reside nuevamente en la capital francesa.

Sus libros infantiles han sido publicados en Cuba, Brasil, España, Francia, Argentina, México, Portugal y otros países. Entre otros títulos ha publicado:

Cuentos:
Los cuentos del mago y el mago del cuento
El pájaro libro
Javi y los leones
Pájaros en la cabeza
Don Agapito el apenado
La bruja Pelandruja está malucha

Novelas Aventuras:
Rosa de los Vientos
Juan Perico de los Palotes
Vuela, Ertico, vuela
La tremenda bruja de La Habana Vieja
Mi tesoro te espera en Cuba
La leyenda de taita Osongo
Exploradores en el lago.

Como ilustrador ha publicado tres libros, pero solo uno de ellos en castellano: La canción del castillo de arena. Ha difundido más de 150 artículos y ensayos en publicaciones de tres continentes y el libro La literatura infantil: un oficio de centauros y sirenas.

Sus obra ha sido distinguida con varios premios internacionales y traducida al francés, al portugués, el gallego, el vasco, el coreano y el inglés.

Más sobre Joel Franz Rosell y su trabajo en: http://elpajarolibro.blogspot.com/



EL CUENTO DE MIS CUENTOS

Había una vez yo mismo, pero a los diez años. Me pasaba las clases de Matemáticas dibujando las aventuras de un personaje que había inventado deformando una "d" mayúscula (probablemente la de "Deberes"). Mi héroe se llamaba "Superpecho" y corría formidables aventuras mientras yo me aburría con los números quebrados, que era lo que en aquellos tiempos y en mi país lejano se estudiaba en quinto grado.

"Superpecho" era un tipo fuerte, afortunado y muy inteligente.

Sin dudas más afortunado e inteligente que yo, que absorto en la invención de sus hazañas acabé desaprobando los exámenes finales.

No pude perdonarle a "Superpecho" esta derrota (él no era otro que mi segunda, secreta y supuestamente todopoderosa identidad). Fue así como dejé de dibujar aventuras, aunque no de contarlas (como tampoco dejé de desaprobar exámenes de Matemáticas, dicho sea entre nosotros).

A los once años era yo un inspirado narrador oral. Todo mi público era mi hermana menor, y mis personajes cuatro muñecos que ella tenía: un conejo, un osito, un elefante y otro animal que no recuerdo, todos vestidos de satén, como mandarines (eran Made in China), y con las cabezas de tela felpuda rellenas de serrín. El protagonista de mis relatos era el elefante, que había perdido las orejas (creo que las lavé y, una vez en la tendedera, alguien debe haberlas confundido con borlas para el talco). Lo bautizamos con el nombre idiota de Campito Boticas porque usurpaba las botas de otro muñeco, mucho mejor vestido, que nos gustaba menos (o acaso lo calzamos así en compensación por la pérdida de sus orejas).

Por entonces ocurrió el acontecimiento más importante de mi vida (de mi vida literaria al menos): el descubrimiento de los libros.

Debo aclarar que en aquella época Cuba era un país con pocas librerías y bibliotecas, un país casi sin libros para niños. En mi ciudad, aunque era la tercera o cuarta del país, había una sola biblioteca juvenil. En ella descubrí algo muy distinto de los pocos libros rusos, chinos y cubanos, más bien feos y poco interesantes, que yo había tenido hasta entonces...

Me deslumbraron aquellos libros -casi todos impresos en España- con cubiertas plastificadas y policromas, con abundantes ilustraciones y, sobre todo, repletos de aventuras, sueños y viajes: eran los álbumes de Tintín el trotamundos, las noveletas de niños detectives de Enid Blyton, las formidables aventuras de Julio Verne, cuentos de hadas de Europa y Asia, y novelas contemporáneas -suecas, inglesas, alemanas- que ponían el universo entre mis dedos.

Pero año y medio después me trasladaron a un colegio demasiado distante de la biblioteca para poder ir siempre que me hacía falta.

No pude resistir mi soledad y me escribí yo mismo un libro. Y luego otro y otro... hasta producir, en cinco años, más de cincuenta novelas de aventuras.

A veces mi hermana me decía "No tengo nada que leer, escríbeme un libro". Yo lo escribía en dos días y ella lo despachaba en dos horas. Su veredicto era siempre el mismo: "Estaba muy bueno; escríbeme otro". Y yo obedecía encantado.

Escribí más de lo que leí y mucho más que lo que había vivido. El resultado no podía ser bueno... y no lo fue.

Unos diez años después de aquellas "novelas de juventud", publiqué mi primer libro: El secreto del colmillo colgante. Era de nuevo una novela, detectivesca, y la protagonizaban personajes que había creado, en lo esencial, a los 13 años. Estos personajes me acompañaron a transitar el período de ilusiones, lecciones y fracasos pasado en los talleres literarios hasta que, en 1979, al fin obtuve un premio nacional por un cuento que me alejaba de las insustanciales narraciones que había cultivado hasta entonces. El cuento premiado, junto a otros cinco, se convirtió en mi segundo libro: De los primeros lejanos tiempos la lechuza me contó.

Siendo todavía un manuscrito, esos cuentos se los presenté a José Soler Puig. Con su paradigmática franqueza, el notable novelista cubano me dijo: "Mira, esos cuentos están bien escritos, pero... ¿dónde estás tú en ellos?"

Soler tenía razón: yo, como otros muchos escritores para niños, desarrollaba una escritura sin ninguna subjetividad y sin verdadera originalidad; una especie de literatura al servicio del niño que acaba siendo -aun cuando no lo parece- didáctica y opresiva. Precisamente en los días en que aparecieron las fábulas ecológico-éticas de los primeros lejanos tiempos la lechuza me contó, comenzaba yo a responder (me) aquella incisiva pregunta de Soler Puig... que todavía me parece estar escuchando en su voz profunda y viendo en sus ojos penetrantes.

En 1986 realicé mi primer viaje al extranjero me llevó a Ecuador, cuyo universo andino y su sociedad desgarrada me sacudieron fuertemente. Al regreso escribí un cuento en que por primera vez dejaba de hacer "literatura para niños" para hacer literatura infantil; es decir, en lugar de utilizar al niño como destinatario para limitar la extensión e intención de un discurso, basarse en la peculiar manera de mirar, entender y expresar el mundo que son propias del niño para construir un universo expresivo y cognoscitivo estéticamente original.

En 1989 me casé con una ciudadana francesa y nos fuimos a Brasil, donde ella trabajaba. Mi tercer libro se publicó inicialmente en portugués, en 1991, pero solo tuvo su edición definitiva, en castellano, en 1995: Los cuentos del mago y el mago del cuento. Con éste y con mis libros siguientes me fui comprometiendo con una escritura donde se mezclan lo real y lo mágico, donde se funden el discurso infantil y adulto, y donde la prosa narrativa aprovecha recursos poéticos, juegos de palabras, metalenguaje, intertextualidades, humor e ironía.

Después de Brasil, el trabajo de mi esposa nos llevó a Dinamarca, Francia y, en abril de 2000, a la Argentina. Todos estos países han dejado huellas en mi escritura, aunque nunca haya escrito un texto que los mencione explícitamente. Mis escenarios no localizados me permiten abordar temas universales y/o de modo universal, como en Vuela, Ertico, vuela, mientras que los ambientados en Cuba son libros que, sin dirigirse necesariamente al lector de la isla, arrojan luz sobre esa pequeña porción del universo. Quizá la mejor prueba de que libros como Mi tesoro te espera en Cuba y La tremenda bruja de La Habana Vieja pueden interesar a lectores de cualquier nacionalidad es que ambos fueron publicados en Francia antes de conocer su edición en castellano.

Probablemente mi experiencia argentina sea diferente. Los dos primeros libros que he publicado en este país son de un tipo nuevo para mí: La Nube es un álbum ilustrado destinado a chicos muy pequeños que leerán tanto mis palabras como las imágenes de Juan Deleau. Por su parte, La literatura infantil: un oficio de centauros y sirenas, reúne catorce de los más de cien ensayos y artículos sobre literatura infantil que he publicado desde 1974 en diversos países. La comunidad de lengua y ciertos rasgos de historia y cultura compartidos, me hacen más cercana la Argentina que cualquier otro país a donde haya viajado. Por eso no me extrañaría que materialice algún proyecto alimentado directamente por la realidad argentina y expresando formas de propias a la argentinidad.